
El tratamiento de enfermedades y malestares por medio de la acupuntura y la moxibustión tuvo su origen en el Oriente. Como terapia, la medicina oriental difiere completamente de la occidental, que fue introducida en el Japón por los holandeses en el último periodo de la dinastía Tokugawa.

Según la tradición china, el estado de salud no es otra cosa que la persistencia de un flujo equilibrado de energía por los meridianos antes mencionados (la enfermedad es interpretada como un Chi desequilibrado). Concretamente, dado que en la energía vital intervienen dos principios dinámicos o polaridades [yin y yang), todas las formas patológicas se atribuyen a un desequilibrio localizado de yin y yang. La tarea del acupuntor consiste, en principio, en formular un diagnóstico exacto, determinando el lugar exacto de alteración del flujo de energía. Luego será el momento de intervenir para liberar los canales implicados, restableciendo así el flujo equilibrado de energía.

El segundo método de medición más usado es el que se basa en la longitud de los dedos del paciente. Uno de ellos se basa en longitudes establecidas en función de los dedos del paciente o del médico, si éste tiene una constitución física similar a la del enfermo. La unidad de medida puede ser la distancia comprendida entre los dos pliegues que corresponden a las articulaciones de las falanges distal y media del dedo medio, o bien la anchura de la primera articulación del pulgar.

Podemos considerar a la acupuntura tan antigua como la propia China. Existen restos arqueológicos que evidencian la existencia de la acupuntura ya en la Edad de Piedra, cuando se utilizaban agujas de sílex y de jade. Pero los primeros tiempos históricos de China, sobre los cuales poseemos fechas concretas, corresponden a la dinastía Hia que duró desde el 2204 al 1766 a.C. y fue iniciada bajo la soberanía del emperador Yu. Sin embargo, disponemos de datos que nos hablan de la existencia del emperador Chin Nong (el nombre, significa Espíritu Laborioso) alrededor del 3200 a.C.

Lo que sí puede decirse es que los cambios han sido muchos. Los descubrimientos han sido maravillosos; las invenciones, muchas de ellas, fantásticas. La medicina, por ejemplo, no es lo mismo que era hace miles de años: se logró conocer al cuerpo humano en algunos de sus niveles más abstractos (en los últimos años, por ejemplo, el desciframiento del genoma humano ha sacudido a la comunidad científica), se crearon máquinas ultrasofisticadas que permiten observar el interior del cuerpo humano sin abrirlo.

El segundo proceso, que acompañó al de la especialización creciente, fue el del surgimiento de verdaderas multinacionales fabricantes de medicamentos. La producción industrial de medicinas se convirtió en un negocio gigantesco y las personas que están tras de ellas se convirtieron en millonarios influyentes. Las multinacionales son las que diseñan los planes de investigación en cuanto a los medicamentos que están en desarrollo y son las que patentan las medicinas que producen. Así, cada vez que alguien está enfermo y necesita medicación, se ve obligado a pagar a la empresa que desarrolló el producto. La medicina se convierte así en un tremendo negocio.

El médico con experiencia prolongada en este tipo de tratamiento sabe que la fe que pone el paciente en lograr su curación tiene poco o ningún valor real. Aún en casos de patología similar, el descreído puede lograr resultados terapéuticos mucho más rápidos o francos que el convencido. Por otra parte, sabemos que la exacta localización del punto o la elección juiciosa de una combinación de puntos desempeña un papel fundamental en el logro de una curación. Se ve con mucha frecuencia, revisando el caso clínico, que un cambio oportuno del plan terapéutico logra un resultado decisivo. Como el paciente no puede advertir ningún cambio en la elección de los puntos a ser tocados, es sólo el conjunto de puntos elegidos el que ha actuado con exclusión total del estado psíquico del paciente.

Existen vasos secundarios que son conductos menores que conectan entre sí dos o más meridianos. El ejemplo más conocido de vaso secundario es el llamado Vaso Lo que une entre sí dos meridianos que son naturalmente acoplados, como por ejemplo los meridianos de Pulmón y de Intestino Grueso, los de Corazón e Intestino Delgado, etc.
Pero existen además otros numerosos vasos secundarios distribuidos en el tronco y en las extremidades. Como se comprende, estas numerosas comunicaciones transforman los meridianos en una verdadera red circulatoria cuya función más importante es la de compensar los excesos o suplir defectos de energía.

Aquí observamos la aparición de un fenómeno totalmente nuevo en la historia de la medicina. Dice Needhan1 que las ciencias fundamentales del hombre que han visto su origen en Oriente se han fusionado con las de Occidente en distintos períodos de nuestra historia cultural. Todas menos la medicina. Parecería como si ahora presenciáramos el comienzo de un fenómeno de integración inesperado, por largamente esperado.