
La práctica de la acupuntura se inició en China, dijimos, hace más de cuatro mil quinientos años. ¿Pero cómo se originó la misma? ¿Cómo se descubrió la existencia de los puntos y de los canales transmisores de energía? En el principio, estuvieron los antiguos curanderos chinos, sabios que se dedicaban a la observación de la naturaleza y a la experimentación con fármacos para tratar dolencias. Se presume que estos curanderos chinos se dieron cuenta de que, en el curso de ciertas enfermedades, determinadas áreas de la piel se tornaban más sensibles. El examen de estas áreas de hi-persensibilidad condujo a la determinación de una serie de puntos que, unidos entre sí, trazaban sobre el cuerpo recorridos perfectamente definidos.

El segundo método de medición más usado es el que se basa en la longitud de los dedos del paciente. Uno de ellos se basa en longitudes establecidas en función de los dedos del paciente o del médico, si éste tiene una constitución física similar a la del enfermo. La unidad de medida puede ser la distancia comprendida entre los dos pliegues que corresponden a las articulaciones de las falanges distal y media del dedo medio, o bien la anchura de la primera articulación del pulgar.

Lo que sí puede decirse es que los cambios han sido muchos. Los descubrimientos han sido maravillosos; las invenciones, muchas de ellas, fantásticas. La medicina, por ejemplo, no es lo mismo que era hace miles de años: se logró conocer al cuerpo humano en algunos de sus niveles más abstractos (en los últimos años, por ejemplo, el desciframiento del genoma humano ha sacudido a la comunidad científica), se crearon máquinas ultrasofisticadas que permiten observar el interior del cuerpo humano sin abrirlo.

El segundo proceso, que acompañó al de la especialización creciente, fue el del surgimiento de verdaderas multinacionales fabricantes de medicamentos. La producción industrial de medicinas se convirtió en un negocio gigantesco y las personas que están tras de ellas se convirtieron en millonarios influyentes. Las multinacionales son las que diseñan los planes de investigación en cuanto a los medicamentos que están en desarrollo y son las que patentan las medicinas que producen. Así, cada vez que alguien está enfermo y necesita medicación, se ve obligado a pagar a la empresa que desarrolló el producto. La medicina se convierte así en un tremendo negocio.

El médico con experiencia prolongada en este tipo de tratamiento sabe que la fe que pone el paciente en lograr su curación tiene poco o ningún valor real. Aún en casos de patología similar, el descreído puede lograr resultados terapéuticos mucho más rápidos o francos que el convencido. Por otra parte, sabemos que la exacta localización del punto o la elección juiciosa de una combinación de puntos desempeña un papel fundamental en el logro de una curación. Se ve con mucha frecuencia, revisando el caso clínico, que un cambio oportuno del plan terapéutico logra un resultado decisivo. Como el paciente no puede advertir ningún cambio en la elección de los puntos a ser tocados, es sólo el conjunto de puntos elegidos el que ha actuado con exclusión total del estado psíquico del paciente.

La energía que hemos visto circular hasta ahora en los meridianos principales y distintos es la llamada energía pura o energía Yong. Existe otra, llamada también energía Superficial, Defensiva o Impura, y también energía Oé. Esta última circula por los meridianos Téndino-musculares y también por el tejido conjuntivo y la piel, entre los meridianos.
Existen doce meridianos Téndino-musculares los que siguen un trayecto algo distinto del de los meridianos principales, aunque se los reconoce por el mismo nombre. Sus trayectos son muy ramificados y disponen de numerosos vasos secundarios que les permiten extenderse en superficie y alimentar la piel y los tejidos téndino musculares.

Aquí observamos la aparición de un fenómeno totalmente nuevo en la historia de la medicina. Dice Needhan1 que las ciencias fundamentales del hombre que han visto su origen en Oriente se han fusionado con las de Occidente en distintos períodos de nuestra historia cultural. Todas menos la medicina. Parecería como si ahora presenciáramos el comienzo de un fenómeno de integración inesperado, por largamente esperado.