
La acupuntura es un tipo de medicina holística que considera al ser humano como una globalidad tanto estructuralmente como por su relación con el entorno que lo rodea. Como todas las grandes medicinas tradicionales considera al hombre como un microcosmos dentro de un macrocosmos, ambos regidos por las mismas leyes. Por otro lado, la acupuntura es también una ciencia y como tal tiene puntos en común con las teorías más modernas de la medicina, la física o la astronomía occidentales.

La acupuntura está entre nosotros. La acupuntura es, ya, una realidad en occidente… ¿Pero qué es la acupuntura? ¿Para qué sirve? ¿Cómo funciona?.
Muchos occidentales se hacen estas preguntas. Al no conocer las respuestas a las mismas, dudan. Dudan en acercarse a la acupuntura, temen que sea otro de los pseudo conocimientos de origen más o menos oriental que, lamentablemente, han ganado espacio en nuestras ciudades en los últimos años.

Los chinos clavaban sus agujas en puntos especiales con el objeto de dirigir la energía. Según ellos, la energía vital, presente en todas partes y que no es otra que la energía cósmica, circula en el organismo a través de conductos que llamaban Chings y que nosotros llamamos Meridianos. Estos meridianos recorren la superficie del cuerpo a lo largo de los miembros, del tronco y de la cabeza; en su trayectoria se sitúan los puntos.

Toda, la acupuntura reposa sobre la hipótesis de que el cuerpo humano es un sistema energético, sometido a topografías coherentes. Tal energía se hace presente en todas las concep-tualizaciones biológicas de un modo al mismo tiempo misterioso y evidente bajo el nombre de energía vital, fuerza vital o principio vital; el vitalismo se constituye en un punto de vista poderoso de la ciencia occidental y es materia de rudas polémicas; durante siglos la física no puede decir nada mejor que la luz, el calor, el magnetismo y la electricidad son manifestaciones de la energía universal.

Las escuelas médicas convencionales se ven en la necesidad de mantener una cruda antinomia entre sus fines explícitos y sus fines subyacentes. En los primeros entra lo de estimular y desenvolver todo lo que entrañe progreso para la salud total del ser humano y no hay discurso académico en el que tan noble principio no se proclame; pero en lo subyacente se constituyen en filtros rigurosos de lo que no quepa en el elenco de las ideas aceptadas. La trampa reside en que se denominan ideas aceptadas las que esas mismas escuelas por sí y ante sí consideran aceptables. Los conceptos de Freud, dotados de tal vitalidad que han impregnado prácticamente toda la cultura contemporánea y cambiado radicalmente la imagen del hombre.