Archivos para Meditacion Zen Categoría

    ¿Alguna vez estaremos satisfechos?

    Yo creo que la búsqueda de la felicidad es interminable, porque el hombre siempre va a encontrar algo de qué quejarse. Y cuando alcanzó lo que! estaba buscando, va a buscar otra cosa por la cual quejarse y sentirse disconforme. Por lo tanto, la búsqueda es permanente. El ser humano es insaciable. Es como cuando hablamos de la guerra y la paz. Hay muchos que aspiran a la paz y ponen su mejor esfuerzo por conquistarla, pero por ahora los que ganan son los que tiran para el lado de la guena. Con esto pasa lo mismo, dentro de una sociedad van a ser muy pocos los que sientan una verdadera satisfacción, sonrían y estén plenos. Son los que están en equilibrio y en paz consigo mismos. Crear una familia, sentirse bien en un trabajo… Partiendo desde ahí: hay muy po cos que pueden decir “estoy realmente feliz con lo que estoy haciendo” o “estoy realmente bien con lo que estoy cobrando” o “estoy realmente bien porque le doy a mi familia todo lo que ellos quieren tener”. Esto del ser y el hacer en algún punto se unen. Y en algún punto se restan o se suman, y así permanentemente. Es muy difícil sentirnos centrados todo el tiempo.

    Un experto en el Kyudo

    Hay guerra por un desequilibrio. En el mundo, desde que existe el ser humano, hay guerras. Si pudiera alcanzar el total equilibrio, el hombre estaría un poco más en paz consigo mismo. Mientras no lo logre, tampoco va a poder estar nunca en paz con el entorno. La principal guerra no es la que tiene el hombre contra otro hombre, sirio la que mantiene contra su misma naturaleza. Porque la guerra entre seres humanos siempre recae en la naturaleza, y una vez que ésta se enoja no queda nadie én pie. Cuando el hombre aprerlda a respetarse a sí mismo y a ¡su entorno, entonces las guerras van a cesar y el ser humano va a vivir en armonía. Pero creo que van a pasar muchas generaciones hasta que se alcance este equilibrio. Por más que estemos en un mundo muy turbulento, frenético, histérico y equivocado, nosotros no tenemos por qué ser uno más. Hay caminos que nos llevan a estar en un verdadero equilibrio o con una sonrisa, a pesar de las dificultades.

    Luis: Un maestro Zen

    Se llama Luis, tiene 35 años y lanza su flecha zen. El dojo parece una postal japonesa en medio de un barrio de Buenos Aires. Cuando ingresamos, la máquina del tiempo retrocede hasta la época feudal, y la mezcla de gentileza y firmeza del maestro se hace sentir. El es argentino, aunque fue adoptado a los ocho años por un sensei japonés en la Nación del Sol Naciente. Desde ese momento comenzó a crecer en su interior el arte del Kyudo o tiro con arco, una disciplina estéticamente fascinante. Pero, en definitiva, sólo una excusá para flotar junto a los principios del zen hacia el autoconocimiento. Y así como despide sus flechas, lo mismo hace con sus palabras. Con suavidad…

    La mente es un espejo

    Un Roshi (un Maestro Japonés), hablando con un estudiante, expresa una idea muy útil para todos nosotros: “Tu mente, como un espejo, refleja todo: esta mesa, esta esterilla, lo que sea que veas. Si no percibes nada, el espejo se refleja a sí mismo”. Bien, la mente de cada persona es diferente. La manera en la cual mi mente refleja algo es diferente de la manera en la cual la tuya lo hace. Cualquier cosa que está en tu mente es un reflejo de tu mente y, por lo tanto, eres tú. Así, cuando ella percibe esta esterilla o esta mesa, en realidad está percibiéndose a sí misma. De nuevo, cuando tu mente está vacía de todo concepto opiniones, ideas, puntos de vista, valores, nociones, presunciones-, tu mente está reflejándose a sí misma. Esta es la condición que se denomina no diferenciación, o sea: Mu. Ahora bien, todo esto es sólo una imagen. Lo que es preciso hacer es aprehender esa verdad en forma directa para que, espontáneamente, escapen las palabras: “¡ Ah, por supuesto!”. Esto es satori.

    Rompecabezas y el sistema Koan

    La cultura japonesa estaba en un proceso de decadencia cuando Eisai Zenji, un sacerdote buddhista japonés, regresó de China en 1191 para establecer el sistema Rinzai de Buddhismo Zen en Japón. Su popularidad no fue muy grande y su difusión, lenta, porque Rinzai es un sistema muy duro. Exige mucho. Algunas personas dirían que es un sistema brusco y violento, en cierto sentido. Esto se asocia mucho con los Koan, comúnmente interpretados como una especie de rompecabezas (pero son mucho más que rompecabezas tal como normalmente empleamos esta palabra). Son para “romper la cabeza” de manera literal, más que figurativamente. Son para exigir esa alteración en la mente mencionada anteriormente. Todo esto es muy comprensible cuando se tiene en cuenta que una de las personas más involucradas en la difusión de las prácticas espirituales relacionadas con el sistema Koan, en los principios del siglo XII, fue Daie Soko: un samurai.

    El Zen directo al alma

    Históricamente, en el Buddhismo Zen (o Buddhismo Chan, según el lenguaje chino), se habla de veintiocho patriarcas: desde el fundador del Buddhismo, Siddhartha Gautama, hasta Bodhidharma Pillai, que llevó el Zen desde el sudoeste de la India hasta China en el año 520 de la Era Cristiana. En China, él recibió el nombre honorífico de Da Mo. Comenzó su misión con un mensaje que se puede sintetizar en las siguientes palabras de un discípulo: “Una transmisión especial viene, independiente de las escrituras tradicionales: no es preciso ninguna dependencia de palabras y letras, sino de un apuntar directo al alma misma del hombre, una percepción directa de la naturaleza esencial de uno y, así, el alcance de ese mismo estado que alcanzó Buddha”. Estas líneas indican no sólo los principios de la enseñanza del Zen, sino también la diferencia entre el Zen y los otros sistemas del Buddhismo.

    Significado en lo concreto

    Sin embargo, la experiencia que puede promocionar el Buddhismo Zen es precisamente aquella que al hombre occidental le falta. Está implicado en las palabras del famoso Teólogo, Paul Tillich, cuando habla de la experiencia esencial del hombre moderno como un encuentro con la nimiedad. Pero la experiencia del Zen no tiene nada que ver con el estereotipo de misticismo. En el Zen, se le encuentra significado a las cosas concretas. Más allá de todas las otras ideas que se pueden mencionar, el Buddhismo Zen busca lo concreto y sencillo que reside más allá de los confusos enredos de los hábitos de intelectualización.

    Filosofía Zen: Diferente pero parecida

    La manera de ver, experimentar y actuar de la persona que ha tenido un satori es, a la vez, drásticamente diferente e igual que siempre. Quien lo vea de afuera, sabiendo qué pasó, podía tal vez reconocer una diferencia, pero tendrá dificultades en expresar en palabras precisamente cuál es. Pero, si esos cambios le ocurrieran a una persona dentro de nuestra cultura occidental, sin guía o ayuda de algún tipo, nuestra tendencia sería presumir de que tiene problemas serios y mandarlo a un psicólogo o directamente encerrarlo en un hospital para enfermos mentales.

    Lugar ideal para la meditación Zen

    La mejor opción es sentarse en el centro del zafu (almohadón o cojín redondo), cruzando las piernas en loto o en medio loto. Para ello es conveniente apoyarse firmemente en el suelo con las rodillas. En la postura del loto, los pies oprimen en cada muslo zonas que comprenden los principales puntos de acupuntura correspondientes a los meridianos del hígado, la vesícula y el riñon.

    Origen del problema

    La excesiva debilidad del cerebro central en el hombre es el origen de numerosas enfermedades, así como de la crisis de nuestra civilización, que carece de sabiduría y que va a contracorriente del orden cósmico. Cuando el hipotálamo refuerza su actividad, su acción sobre el metabolismo aumenta y éste último se fortalece.

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