
Prácticas zen: ¿Existe una decoración zen especial para las Fiestas? Sí, es la que se realiza con esmero y amor. Los adornos pueden ser sencillos y naturales: vistosas plantas de temporada o centros de mesa con flores secas, velas, luces indirectas, cristales colgantes que reflejen un arco iris sobre las paredes. ¿El objetivo? Crear una atmósfera de calidez y armonía.
¿Por qué a mucha gente los festejos de Navidad y Año Nuevo le desagradan? Porque no desean estar contentos por obligación, o comer y consumir en exceso, o fingir cordialidad frente a personas con las que no quieren compartir ni un segundo. También se produce una fuerte reacción a estas reuniones por la melancolía que provoca en algunos el paso del tiempo o los seres queridos que ya no están. Recuerde: si se mueve según las leyes del zen, siempre será feliz y dichoso. Amará celebrar.

Meditación budista: si bien la meditación y el mantra son dos poderosas herramientas para alcanzar la plenitud, es cierto que a veces el ritmo acelerado de la vida moderna no es precisamente el más indicado para favorecer la práctica de estas técnicas espirituales. Aminorar el ritmo cotidiano contribuye a la eficiencia, la concentración y la salud, tanto física como emocional. La calidad de vida sufre cuando se vive bajo presiones, siempre mirando el reloj y tratando de sacar provecho de cada segundo.
Así que antes de emprender la práctica de cualquier técnica espiritual se recomienda aminorar el ritmo de vida, hacer una pausa y relajarse. Para aminorar el ritmo es de gran ayuda comenzar el día temprano. Levantarse con suficiente tiempo para desayunar tranquilo y tomar energías para encarar el día. Si se empieza el día a las apuradas no habrá mantra ni meditación que valgan: la jomada se transfonnará en una frenética carrera contra el reloj. Así que el primer paso es levantarse tranquilo y sin prisas, así también habrá tiempo para meditar mientras el sol asoma en el horizonte y repetir el mantra individual mientras amanece.

Mantras budistas: los grandes maestros espirituales sostienen que repetir el mantra es como hacer a Dios una llamada a cobrar. Uno llama a su dios y le dice: No tengo dinero, así que no me envíes ninguna cuenta; no tengo voluntad, así que no me pidas que me someta a ninguna disciplina, y el Señor responde con infinita paciencia: No importa, yo pagaré la cuenta. Ya es bastante que hayas pensado en mí. En la mayoría de las tradiciones hinduístas, e incluso según algunos místicos de las iglesias católica y ortodoxa, el mantra se utiliza para meditar.

Cultura zen: y de la misma manera que aprendemos de ellos importantes lecciones de vida, su actitud es el mejor modelo para la cocina. Nuestro vínculo con los alimentos debe ser igual de despojado, de eternamente conciente, que el de los grandes maestros con la existencia en general. El verdadero Zen nos demanda aceptarnos a nosotros mismos, a los demás y a lo que nos rodea. Y al ver las cosas de nuestro entorno como lo que son en realidad, meras cosas, simples objetos, estarnos aceptando al mundo sin reclamarle nada, sin buscar en él nada mis que existir en paz y armonía. Por más información visite Reiki.

Cuando miramos a alguien, no lo vemos en realidad. Solemos proyectar hacia los demás nuestros propios pensamientos, les atribuimos sensaciones, sin conocer lo que los demás experimentan en su interior. Se ha dicho que escuchamos tan sólo lo que queremos oír, que vemos tan sólo lo que queremos observar. Es justamente este tipo de comportamiento, obsesionado por lo que piensan los otros, el que más nos aleja de un modo de vida Zen. Los grandes maestros Zen se encuentran siendo constantemente el foco de muchas proyecciones: al encontramos con ellos, les atribuimos todos nuestros sentimientos internos. Pero ellos, en su enorme sabiduría, no existen más allá del momento: gracias a sus años de práctica, logran concentrarse en lo que hacen, sin proyectar hacia el futuro.

Vida zen: por supuesto que no es fácil apagar la mente y concentrarse exclusivamente en la comida. Nos preocupamos por la limpieza de la cocina, por lo afilado que está el cuchillo, por las proporciones de los ingredientes y por nosotros mismos. De la misma manera que la meditación verdadera tan sólo se logra con mucha práctica y trabajo arduo, la cocina verdaderamente Zen se va volviendo más sencilla cada día. Liberarse de lo imaginado y lo hipotético, permitiendo a la mente funcionar en el mundo de las cosas, donde tan sólo existen nuestras manos y los objetos que están tocando,
tan sólo se puede lograr canalizando la energía y la dedicación que fluye dentro nuestro, alterada por el estrés y las tensiones. Cuando dejamos el camino libre y permitimos a la energía circular por nuestro cuerpo, cuando nuestra mente nos deja detenerla y centrarla en una sola actividad por vez, podemos relacionamos con la comida de forma íntima, transmitiéndole toda la armonía que tenemos dentro, preparando los alimentos según lo más maravilloso que tiene el hombre: la conciencia plena y devota.

Arte zen: así, lo que logramos con ella es mucho más satisfactorio, espiritual, limpiador: la devoción hacia lo que estamos haciendo nos ayuda a alcanzar un nivel de plenitud jamás pensado. Y es lo mismo con la cocina: cuando cortamos los alimentos, cuando lavamos las frutas, cuando cocemos los alimentos, debemos dejar fuera todo lo que nos distraiga, rechazando los pensamientos que entren en nuestra mente, dedicándonos a la cocina de manera casi hipnótica.

Trabajar en la cocina con la misma devoción y disciplina que meditamos, evitando los pensamientos distractores, ignorando las quejas, el dolor, el cansancio o el sueño, combatiendo contra las trabas que nuestra mente consciente nos pone, es una forma de dedicarnos completamente a nuestra actividad y, así, vivirla a pleno. La vida moderna se caracteriza por la disipación. Vivimos pensando en otra cosa, tratando de controlar mil cosas a la vez, haciendo en un día más de lo que es posible. El Zen nos ofrece la oportunidad de detenernos y limpiar nuestra mente de todo lo que la pervierte: se trata de concentrarse plenamente en lo que nos ocupa en cada momento del día, dedicándonos verdaderamente, plenamente, a ésta actividad.

Cocina oriental: lo primero que debemos aprender de la cocina Zen es que la preparación de los alimentos también es práctica espiritual, una nueva oportunidad igual de buena que cualquier otra para ver dentro de la esencia de las cosas. Tal es el objetivo del Zen, y se lo puede realizar en cualquier lado, de cualquier manera, y no sólo en la meditación. Los más grandes y talentosos cocineros del mundo afirman que para realizar una comida sabrosa tan sólo hay que ponerle amor. A esto hay que agregarle otro elemento: conciencia. Cuando lavamos las verduras, debemos aprender a concentrarnos en esta actividad, dejando de lado todo lo que nos distraiga y desvíe de nuestro objetivo.

Trabajar con la comida es una forma de expresarnos, y al honrar los ingredientes podemos llegar a dar lo mejor de nosotros mismos. Como actividad humana, la cocina refleja en sus resultados el estado en que se produjo: la sensibilidad del cocinero, sus pensamientos, su espiritualidad y su armonia interior. Cuando las preparaciones se encaran con desgano, buscando meramente satisfacer el apetito, el cuerpo se nutre inapropiadamente; es por eso mismo que cuando disfrutamos de una comida preparada con devoción y amor, donde realmente se ha buscado conectar los alimentos y la vida, obtenemos una sensación de placer, de nutrición, de completud, que no podemos obtener en otro lado.