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    Iluminacion interior alcanzada por el joven cazador

    La figura es un círculo vacío y perfecto. Por lo tanto, se trata de un círculo completo en sí mismo y por sí mismo, sin inicio ni fin, definido por el espacio que contiene en su interior y por el espacio exterior que lo contiene a él. La totalidad se ha alcanzado, por lo que el joven cazador se percibe a sí mismo como un símbolo, lo mismo que una vez fue el buey. Pero juntos nos han conducido hasta esta totalidad, y entonces también descansan juntos. Kakuán se refería a este estado con una simple frase: todo se funde en una no-cosa. Ahora el cielo es tan inmenso y prefectoqueningún mensaje puede nublarlo. El estado de iluminacion interior no es más un objetivo, pero no por eso se vive en donde la

    Iluminación no existe. La simple idea de Iluminación no puede ser contenida en los cielos, en la realidad que éstos conforman, porque trascienden las limitaciones: ninguna descripción o idea puede ya representarlo. Se trata de sentir. Es una no-cosa porque la realidad última une a todas las cosas y está, al mismo tiempo, más allá de todos los conceptos posibles. La mente ya no tiene ningún límite, no existe ya ninguna barrera que no pueda traspasar. Como este estado no se relaciona con el ego individual, no se corre más el peligro de tomar lo elogios y las alabanzas del mundo como algo personal.

    El joven y la superación de ideas falsas

    El buey ha llevado al joven a casa y, por lo tanto, se ha vuelto innecesario. La simplicidad de este hogar (una cabaña con tejado de paja, según Kakuán), aparece para remarcar otra vez la importancia de la sencillez. De manera similar, el silencio y la quietud del joven representan la calma que sobreviene después de superar la oscuridad de las ideas falsas.

    Trascender al buey

    Esta figura nos muestra al joven cazador solo, alejado del buey, sentado tranquilamente fuera de su sencillo hogar. Disfruta del amanecer y de la belleza que lo rodea por todas partes, la belleza del mundo natural. A primera vista, esta imagen puede resultar muy difícil de comprender, incluso inconexa con respecto a las anteriores. No se trata de que el joven ha abandonado al buey después de haber trabajado tan duro en su caza, sino que, como Kakuán mismo lo explica, puede descansar porque la tarea ya se ha realizado.

    El buey no era nada más que un símbolo para el encuentro con la verdadera naturaleza interna, y a esta altura del viaje espiritual ya no es necesario ningún tipo de representación. Todas las tradiciones espirituales y religiosas mantienen algún símbolo como objeto de la búsqueda personal para trascender, pero ya nos es posible abandonarlo. Nos hemos conectado con la realidad misma: aferrarse a los símbolos es confundir su finalidad. Es necesario guiarse por ellos, dejar que nos indiquen el camino, pero nunca pensar que son la meta final.

    El regreso a casa cabalgando el buey

    Al llegar a este punto, la identificación entre el joven cazador y el buey ya se ha producido. Kakuán nos explica que sobre el lomo del buey regresó tranquilamente a su hogar. El sonido de su flauta flota a través de la noche, y todos los que la oyen se unen a él. La ganancia y la pérdida han sido asimiladas, y ya nada podrá impedir su regreso a casa. El juego de opuestos entre perder y ganar han desaparecido, en un simbolismo como la verdadera naturaleza y la naturaleza del Yo. Sólo queda el sonido de una flauta, instrumento que representa una mano dándonos una palmada, en

    un gesto de aprobación y aliento. Todos los que oyen la música de la flauta, todos los que abren sus sentidos a la verdad expresada por la realidad misma, pueden vivir junto con el joven cazador la experiencia de cabalgar el buey. Ya no es posible cometer ningún error, ni tampoco lo es huir hacia la falsa exaltación espiritual, porque lo único que existe es la claridad y la calma de volver a casa con pausa y tranquilidad, sobre el lomo de la verdadera naturaleza, siendo uno con la esencia del ser.

    Pensamiento espiritual afectado por el ego

    Esto demuestra cómo la idea del ego individual puede viciar el pensamiento espiritual, incluso los que provienen de la Iluminación inicial: nuestras aciones serán verdaderas únicamente cuando la idea inicial provenga directamente de lo divino y no de los conceptos que asociamos con él. Una vez que logramos identificar los pensamientos verdaderos podemos actuar con una libertad y espontaneidad inéditas, hasta entonces inconcebibles. El hombre, al llegar a este punto, se mueve por la compasión y no por las artificiosas divagaciones del Yo.

    La metafora de la autodisciplina en Kakuan

    Según las palabras del propio Kakuán, el látigo y la cuerda son indispensables para impedir que el buey se pierda por algún camino polvoriento. Es decir, la autodisciplina es la única forma válida de domar nuestra verdadera naturaleza. Pero una vez que se ha logrado domar el buey, se vuelve dócil de forma natural y es posible dejarlo suelto sin temor a que se escape o se rebele nuevamente. Es el hilo de nuestros pensamientos lo

    que nos hace perdernos: las ideas falsas nos van alejando progresivamente de la verdad, hasta que ya no podemos distinguirla correctamente. Cuando surge el primer pensamiento de la Iluminación toda esta seguidilla de distracciones desaparece, ya que todos los siguientes serán verdaderos. La mente humana es quien engaña al hombre y lo aleja de su camino, por sus vicios y debilidad.

    Kakuan y la caza del buey

    El joven cazador debe ahora enfrentarse al buey. Kakuan cuenta como logra capturarlo sólo luego de una ardua lucha, seguida de varias dificultades: el buey pugna para liberarse con todas sus fuerzas, y gracias su inagotable voluntad podría huir a galope a la altiplanicie que se eleva por sobre la nube de neblina, o si no descendiendo hasta impenetrables barrancas. En el comentario en prosa, la rebeldía del buey es atribuida al encaprichamiento por otro paisaje y a una hierba más dulce, por no mencionar su no domada mente. En estas situaciones tan sólo hay unacosa que puede hacerse: usar una fuerza mayor. Como de trata de la primera experiencia de auténtica espiritualidad del joven cazador, éste interpreta

    la Iluminación que disfruta como un logro de su propio ego y corre el peligro de ser llevado a altiplanicie de la falsa exaltación espiritual. 0 si no sucede que la posibilidad de que el buey pueda soltarse causa mucho miedo, creando la sensación de que al huir nos arrastra junto con él a muy oscuras profundidades (los místicos definen la oscuridad como el abandono de la visión divina). Por último, la no domada mente del buey es símbolo de la escurridiza naturaleza de cada uno, además de la representación dentro de la figura del ego personal que intenta interponerse por sobre las experiencias de la Iluminación. Por más información visite Reiki.

   
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