
La dinastía Chou (1122-256 a.C), en plena historia, representa la edad de oro de la filosofía china (Taoísmo, Confucianismo). El Nei Ching aparece en este período. No se sabe quién fue realmente su autor, pero se supone que fue escrito por muchos médicos y que ellos recogieron una amplia y antigua tradición oral. No hay unidad en el texto, salvo la figura legendaria de Huang Ti; el lenguaje es muy arcaico y de dificultosa interpretación. No debe pues asombrar que sus dos traducciones a lenguas occidentales hayan sido criticadas de inexactas. Quizá la crítica no está justificada. Dice Fung Yu-lan3 que un texto chino puede traducirse por lo menos de cincuenta maneras diferentes y ser todas correctas.

Otros dos emperadores legendarios precedieron a Huang Ti: Fu Hi y Shen Nong. A Fu Hi, llamado también el Cazador, se le atribuye el cocimiento de los alimentos y los ocho trigramas (Pa Kua)2 base de los 64 hexagramas, sobre los cuales volveremos más adelante. A Fu Hi sucedió Shen Nong, el “Dios del Fuego”, quien por medio del incendio de los bosques obtuvo tierras arables para su pueblo. El le enseñó a labrar los campos y a comercializar sus frutos. Es considerado el dios de la medicina pues fue el primero en reconocer el valor curativo de las plantas y se le atribuye la primera Recopilación de Materia Médica.
Estos emperadores legendarios, que habrían existido en el período neolítico chino, 30 siglos antes de Cristo, son negados por muchos historiadores quienes suponen son creaciones de épocas históricas muy posteriores.

El Emperador Amarillo Huang Ti es uno de los tres emperadores legendarios y habría existido 2800 años A.C. A él se le atribuyen la invención del tejido dé las telas, la escritura, el atelaje del buey y del caballo, la navegación fluvial, el cultivo del gusano de seda y el catastro. Hizo construir casas, palacios y templos. Dividió el país en provincias y distritos. Hizo fundir las primeras monedas.

La acupuntura nació en el Extremo Oriente. Aunque faltan datos arqueológicos se presume que su origen remonta a unos 5000 años y que su cuna fue la China.
El primer libro que trata de la acumpultura en forma exhaustiva es el Nei-Ching, aparecido en la tercera centuria antes de Cristo, llamado fambién la Biblia de la Acupuntura. Este libro “es para los médicos tradicionales lo que ‘Los Cuatro Libros’ son para los confucianistas”. Se atribuye al emperador legendario Huang Ti, también llamado Emperador Amarillo, y está compuesto en la forma de un diálogo que el emperador Huang Ti mantiene con el médico de la corte Ch’i Pai o Ch’i Po.

Aquí observamos la aparición de un fenómeno totalmente nuevo en la historia de la medicina. Dice Needhan1 que las ciencias fundamentales del hombre que han visto su origen en Oriente se han fusionado con las de Occidente en distintos períodos de nuestra historia cultural. Todas menos la medicina. Parecería como si ahora presenciáramos el comienzo de un fenómeno de integración inesperado, por largamente esperado.

La acupuntura aunque nacida hace más de 50 siglos, no ha dejado de existir un solo instante.Si la medicina hipocrática está muerta para occidente, pues sólo existe en los viejos libros empolvados de las viejas bibliotecas, y su intento de revitalizarla mediante la corriente que conocemos con el nombre de neo hipocratismo ha quedado limitado a un núcleo muy selecto pero reducido de médicos, la acupuntura por su parte, ha podido trasmitir su vitalidad a grandes núcleos médicos de occidente que han visto así renovado su espíritu esencialmente médico, es decir sus ansias de curar.

Se ha aceptado desde tiempos remotos que la medicina es un arte empírico, es decir, basado en la pura experiencia. Este axioma no puede ser subvertido por una ciencia relativamente joven aunque con mucho empuje. Siglos, y aún milenios de tradición médica no pueden ser tirados por la borda frente a la magnífica ilusión de una ciencia armada con los instrumentos más refinados de la técnica. Eminentes historiadores de la medicina han llamado la atención sobre esta paradoja que ya Hipócrates, tres siglos antes de Cristo, señalara enérgicamente, acusando a los jóvenes de desconocer la sabiduría trasmitida por los viejos maestros y su afán de sustituirla por las últimas novedades dictadas por la moda.