
En 1901 Soulié de Morant, quien hablaba y escribía correctamente el chino, llega a China como cónsul francés. Según sus propias palabras, se encontraba visitando las obras francesas de la mano del venerable obispo de Mongolia Monseñor Bermyn y del obispo de Pekín, el ilustre Monseñor Favier, cuando vio en acción a un acupuntor.

La acupuntura no se conoció en Europa hasta el siglo XVII. En ese siglo unos misioneros jesuitas, a su regreso de China, informaron de las curaciones de enfermedades y dolencias con agujas que habían observado en ese país. Europa llamó, a esta técnica, acupuntura: el ideograma chino, como mencionamos con anterioridad, refiere a metal y a fuego (por las agujas y las moxas). Pero el público occidental tardó en conocer la disciplina. Los primeros enterados fueron, claro, los médicos y científicos. La mayoría dudó, pero otros se dedicaron a su estudio y a su experimentación.

Hacia 1315, durante el reinado de la Dinastía Yuan, Tou Se Tsing realiza un arduo trabajo destinado a clasificar y actualizar las enseñanzas de las distintas escuelas antiguas de acupuntura (es preciso señalar que la acupuntura ya era una ciencia milenaria en esa época y, más importante, que su desarrollo no había sido lineal sino que había constado, claro, de debates, hipótesis encontradas y refutaciones diversas).

Durante la dinastía Song (960 a 1279), la acupuntura se encuentra plenamente desarrollada. Consta de una rica tradición (ya, por esas épocas, milenaria) y de maestros experimentados. A esta época pertenece el llamado hombre de bronce, mandado a fundir en el año 1027 por el Emperador: una estatua representado a un hombre de bronce de tamaño natural, hueca, rellena de agua, con los puntos de acupuntura perforados y cubiertos de cera: puntos que el alumno debía pinchar para probar su pericia como acupuntor (si lo hacía bien saldría el agua que contenía el muñeco de bronce si no, claro, no).

El Nei King (o el Nei Ching), de ciento sesenta y dos capítulos, podría considerarse como la Biblia de la medicina tradicional china. El libro, datado como dijimos dos siglos a.C, consta de dos partes: la primera es el “So Ouenn”y la segunda el”Nei King”propiamente dicho, escrito en forma de diálogo entre Huang Ti y los médicos de su corte: se habla de la acupuntura y de la moxibus-tión, de la higiene y de la alimentación. Es, entonces, el libro fundante de la disciplina tal como hoy la conocemos y nos cuenta de su historia y de su desarrollo.

Tanto Ten Rhyne como Kaempfer sólo describen los aspectos exteriores del método y parecen ignorar todo lo que se refiere a puntos, meridianos, energía, pulsos, etcétera.
Otras publicaciones aparecieron en Francia en el curso del siglo XVIII, que poco influyen en el ánimo de los médicos y no se tradujeron en un movimiento práctico. La teoría no se transforma en práctica.
Es sólo en el siglo siguiente, alrededor de 1812, cuando Ber-lioz, padre del famoso compositor, aplica por primera vez en París las agujas de acupuntura y publica sus resultados. A esta primera aplicación, siguen otras de médicos que tanto como Berlioz muy poco o nada conocían de la auténtica acupuntura china.

Europa conoció la acupuntura en el siglo XVII mediante los informes proporcionados por los jesuítas de la misión científica francesa de Pekín y que fueron publicados en Francia en los años. 1671 y 1682.
Poco tiempo después, un médico holandés, Ten Rhyne, publica su experiencia con la acupuntura, que recoge durante un viaje al Japón.
En el siglo siguiente, un médico alemán, E. Kaempfer, comunica su experiencia en el tratamiento de las colitis por medio de las agujas y de las moxas, que observó en su viaje al Japón (1712).

La historia de China reconoce períodos donde la acupuntura floreció llegando a un desarrollo considerable y otros en los que se estancó. Debe destacarse la dinastía Chou que ve la aparición del Nei Ching, que acabamos de comentar y del Nann Ching o “Regla de las dificultades” cuyo autor fue un médico famoso, Pien Tsio; la dinastía Hang (206 a.C-220 d.C), en la que el célebre Houa To se destacó como médico que practicó la acupuntura utilizando sólo uno o dos puntos y moxando sólo dos sitios a la vez.

La dinastía Chou (1122-256 a.C), en plena historia, representa la edad de oro de la filosofía china (Taoísmo, Confucianismo). El Nei Ching aparece en este período. No se sabe quién fue realmente su autor, pero se supone que fue escrito por muchos médicos y que ellos recogieron una amplia y antigua tradición oral. No hay unidad en el texto, salvo la figura legendaria de Huang Ti; el lenguaje es muy arcaico y de dificultosa interpretación. No debe pues asombrar que sus dos traducciones a lenguas occidentales hayan sido criticadas de inexactas. Quizá la crítica no está justificada. Dice Fung Yu-lan3 que un texto chino puede traducirse por lo menos de cincuenta maneras diferentes y ser todas correctas.

Otros dos emperadores legendarios precedieron a Huang Ti: Fu Hi y Shen Nong. A Fu Hi, llamado también el Cazador, se le atribuye el cocimiento de los alimentos y los ocho trigramas (Pa Kua)2 base de los 64 hexagramas, sobre los cuales volveremos más adelante. A Fu Hi sucedió Shen Nong, el “Dios del Fuego”, quien por medio del incendio de los bosques obtuvo tierras arables para su pueblo. El le enseñó a labrar los campos y a comercializar sus frutos. Es considerado el dios de la medicina pues fue el primero en reconocer el valor curativo de las plantas y se le atribuye la primera Recopilación de Materia Médica.
Estos emperadores legendarios, que habrían existido en el período neolítico chino, 30 siglos antes de Cristo, son negados por muchos historiadores quienes suponen son creaciones de épocas históricas muy posteriores.