
Esta creciente libertad del corazón da el coraje para cuestionar, para clarificar y refinar por nosotros mismos las enseñanzas que hemos tragado enteras y sin digerir. La clave está en ganar una comprensión directa de lo que nutre y sostiene la libertad. Nuestra visión de lo sagrado debe incluir la complejidad, la paradoja, la ironía y el humor. El corazón se vuelve claro, capaz de entender el mundo en lugar de luchar contra él. Con nuestra creciente claridad, el lenguaje del desapego y de la renuncia se extiende de un modo nuevo.
Como bien sabemos de acuerdo a la doctrina budista y cristiana, el apego y la codicia son causas de sufrimiento. Pero una enseñanza madura es más completa cuando reconoce que hay un apego insalubre y un apego sano. Cuando aprendemos a distinguir entre un apego doloroso y el que no lo es, vemos con mayor claridad el significado del compromiso. La renuncia trae la libertad no porque abandonemos cosas sino porque dejamos de lado la actitud ávida y posesiva, renunciamos al miedo, a la ira y al engaño del corazón.

El Budismo Zen: Es una secta Budista descendiente del Budismo Hinayana. Los monjes Zen creen que el despertar se logra sólo mediante meditación. Meditan y se hacen preguntas en forma continua, una tras otra, cuyas respuestas sólo pueden obtenerse mediante meditación y la ayuda de un maestro. Las preguntas Zen realizadas por los monjes, denominadas koan, son muy difíciles y aparentan ser irracionales, tales como cuando golpeas las manos, qué mano hace el sonido que es una de los cientos de versiones de esa pregunta clásica.

El Budismo Esoterico: Desde hace más de 1.000 años, se introduce en Japón una misteriosa secta Budista, cuyos sacerdotes invocaban poderosos milagros denominados horiki. Podían curar enfermedades, matar a una persona a distancia, volar en el aire, ver el futuro y desafiar a monstruos. Esta religión fue la preferida por la nobleza de la Era Heian. Sus templos fueron en su mayor parte destruidos en la Era de la Guerra Civil por Oda Nobunaga. Sus monjes practican sus disciplinas en las montañas y son conocidos como Yamabushi. Los Yamabushi tiene fama de ser excelentes en milagros y en Artes Marciales.

La Secta Jodo es la mayor Secta Budista del Japón. El Budismo original establecía que un hombre podía salvarse únicamente mediante un despertar por si mismo. Cuando Buda murió, sus seguidores se dividieron en dos grupos. Uno de ellos formó el Budismo Hinayana, orientado a salvar únicamente a los monjes que pudieran despertar por sí mismos. Otro formó el Budismo Mahayana, que trata de salvar a todos. La Secta Jodo es una lejana descendiente del Budismo mahayana.
Su prédica es: tú renacerás en el Paraíso si te comportas bien, mientras que lo harás en el Infierno si te comportas mal. Creen en seis vidas: la vida humana, la vida en el Paraíso, la vida como un animal, la vida en guerra permanente, la vida en eterno hambre, y la vida en el Infierno. Originada en China, llegó al Japón hace 1000 años y se sincretizó con el Shinto y otros Cultos a los Antepasados, convirtiéndose en una religión que asigna gran importancia a los funerales y servicios a los muertos.

En la doctrina budista se entiende que existe un Nirvana o cesación de cualquier cosa imaginable que nos pueda esclavizar mientras el cuerpo está aún vivo, pero también se habla de un Nirvana definitivo o Mahapari nirvana (Gran Cese) que supone liberarse también del cuerpo. Éste se aplica cuando un Buda muere físicamente. Para aquel que ha realizado y vive el Nirvana perpetuamente en el mundo, puede no existir tal diferencia. Para quienes aún no alcanzamos la iluminación, la diferencia está y es importante. Algunas interpretaciones consideran que no existe un Nirvana definitivo hasta después de la muerte física.
Buda rehusó solucionar este tipo de elucubraciones sobre el más allá, en cuanto no la veía de provecho y él insistía en atender al momento presente. Ya había explicado el camino hacia la felicidad incondicio-nada y enseñado que nuestra comprensión de qué es la vida y la muerte están ligados a nuestra vivencia común de las cosas, distorsionada por el deseo, el odio y la ignorancia. Por tanto, explicaba que obtener ese tipo respuesta no es de provecho.

Es así como Siddharta se ! convirtió en el Buda, el que ha despertado. Durante la primera parte de la noche adquirió el poder de recordar su anteriores existencias con detalle; en la segunda, adquirió el poder clarividente de conocer el surgir y perecer de lodos los seres del universo de acuerdo a sus buenas y malas acciones. Durante la tercera noche supo que todas sus fallas espirituales habían sido eliminadas, y que el aferramiento y la ignorancia habían sido desterrados.

Continuó su camino y encontró al poco tiempo otro maestro, llamado Udraka Ramaputra, quien le enseñó una técnica más sofisticada, llamada la esfera de la percepción y la no percepción que proporcionaba un estado aún más sublime. Después de varios experimentos y aprendizajes, el joven descubrió que ningún maestro podría ayudarlo verdaderamente. Entendió, así, que la solución se había vuelto un tema entre él y la propia solución. Siddharta se volvió radicalmente hacia las austeridades, se convirtió al ascetismo y redujo al mínimo su ingesta de comida. Seis años pasó Siddharta en el interior de la India, alejado de las ciudades y de los placeres físicos.
A los 35 años, tenía el aspecto de un anciano: su cabello empezaba a caer y su estado físico era muy delicado. Según la tradición del budismo, un día, mientras se encontraba meditando sentado bajo un árbol, oyó una conversación entre unos músicos, en la cual alguno de ellos explicaba cómo afinar su instrumento. Si la cuerda se tensa demasiado se romperá, si está demasiado floja, no sonará. Fue entonces cuando se dio cuenta de que existía un camino medio entre los extremos. Decidió comer algo y volvió a su meditación. Entonces experimentó un rápido progreso en el transcurso de esa misma noche y sentado bajo un árbol de sándalo, logró el completo estado de despertar que buscaba.

Estas experiencias causaron una gran impresión en el joven principe. En su última salida, se encontró con un mendigo religioso y eso lo inspiró sobre la vía para encontrar una solución a la condición humana. Siddharta por entonces ya había contraído matrimonio con una chica que le había dado un hijo. Aún así, esa misma noche, mientras su mujer y su hijo ormían, se despidió de ellos y abandonó el palacio con su caballo y en compañía de su asistente. Juntos fueron hasta un punto cerca de los límites con el bosque. En ese momento, su asistente intentó convencer a Siddharta de que cambiara de idea, pero fue inútil.
Siddharta le ordenó que él y su caballo regresaran al palacio. Se adentró en el bosque para ser un vagabundo religioso de los que entonces llenaban la India y que aún hoy todavía la llenan, con la esperanza de encontrar la solución a su duda existencial. El primer maestro que encontró Siddhartha se llamaba Arada Kalama, quien le enseñó técnicas relativas a profundos estados de trance. Siddharta era buen alumno y pronto entendió y dominó esta técnica, llamada la esfera de la nada, así que su maestro le ofreció el liderazgo de su grupo de práctica. Sin embargo, el joven lo rechazó: ya la experiencia no le daba la solución que buscaba respecto al problema del nacimiento, la enfermedad, la vejez y la muerte.

Siete días después de su nacimiento su madre falleció, y el niño sería cuidado por la hermana de su madre, Prajapati, que sería la segunda mujer de su padre, Suddhodana. Los escritos aseguran que la infancia de Buda estuvo plagada de lujo y confort. Según la tradición, el padre de Buda, temiendo el vaticinio de los sabios, evitó al joven Siddharta las impresiones desagradables del mundo. Levantó grandes muros rodeando su palacio y los alrededores y limitó así el entorno en donde crecería Siddharta. Conforme el niño se hacía mayor, sentía una profunda insatisfacción. Eso dará origen al episodio que se conoce como su experiencia de los cuatro signos.
Un día pidió a su padre que le permitiera salir fuera de los muros de palacio. Su padre, temiendo la profecía de los sabios, ordenó arreglar las calles y apartar cualquier cosa pudiera causar una fuerte impresión al príncipe. Siddartha Gautama salió en compañía de su asistente personal a dar un paseo. Entonces se encontró con un anciano; quedó muy conmocionado por este suceso y ordenó a su asistente volver a palacio en donde reflexionó sobre el i asunto. En su segunda salida se encontró a un hombre enfermo. Y en la tercera a un hombre que había fallecido.

Como era costumbre por entonces en las embarazadas, Maya emprendió un viaje hasta Kapilavastu, la capital de la república Shakya, para dar a luz con ayuda de sus parientes. En medio del viaje, la reina y su escolta pararon un momento para descansar, y en ese momento la reina dio a luz junto al tronco de un árbol de sándalo. Según la tradición lo hizo por su lado derecho y sin dolor. Cuenta la leyenda que seres de los cielos llegaron para presenciar el maravilloso suceso, ya que el nacimiento de un Buda es un momento alegre para los seres de los cielos.
La tierra tembló y los dioses llevaron al niño con cuidado hasta el suelo, en donde fue bautizado con un torrente de agua surgido milagrosamente. Inmediatamente, el niño se puso de pié, dio siete pasos y declaró ser guía del mundo, así como la última vez que renacía. El niño fue llamado Siddharta Gautama. Siddharta significa el que ha cumplido su objetivo, y Gautama es el nombre del clan indio en donde nació y que pudo alcanzar el nirvana.