
Este punto puede verse al doblar el brazo sobre el pecho. Está en una línea que discurre entre el surco del codo y el dedo índice, en la protuberancia del músculo del brazo, a tres dedos por debajo del surco del codo. Muy utilizado en todo el Lejano Oriente para aumentar el vigor y el bienestar. También se usa para tratar problemas musculares del brazo y la mano.

El fisiólogo canadiense Hans Selye trabajando largos años con animales de experimentación logró descubrir ciertas relaciones entre diversos estímulos aplicados y la producción de síntomas muy, similares a los que obtenía Speransky, pero que fueron enfocados de una manera diferente.
En esta serie de investigaciones se pudo determinar que los más distintos estímulos tales como esfuerzo, calor, hambre, inyecciones tóxicas, ruidos intensos, impresiones emocionales violentas (terror, miedo), provocaban todos por igual la misma sintoma-tología, que puede dividirse cronológicamente en tres etapas sucesivas, a saber: la reacción de alarma, el período de resistencia y la fase de agotamiento.

Los chinos clavaban sus agujas en puntos especiales con el objeto de dirigir la energía. Según ellos, la energía vital, presente en todas partes y que no es otra que la energía cósmica, circula en el organismo a través de conductos que llamaban Chings y que nosotros llamamos Meridianos. Estos meridianos recorren la superficie del cuerpo a lo largo de los miembros, del tronco y de la cabeza; en su trayectoria se sitúan los puntos.

Desde hace muchos miles de años, los pueblos del Lejano Oriente (China, Japón, Corea, Vietnam), tratan sus enfermedades por medio de drogas naturales y también utilizando finas agujas de metal que introducen en distintos puntos del cuerpo. La palabra acupuntura deriva del latín (Acus, aguja; punctura, punzada) y fue introducida por los misioneros jesuítas que vieron practicar el método durante su estada en China, hace tres siglos. En chino, el procedimiento se llama Tchen-tziú (en japonés: Shin-kiú) que significa, literalmente: aguja y moxa.

La literatura sensacionalista de diarios, periódicos y revistas ha pretendido presentar a la acupuntura como una terapéutica milagrosa capaz de producir curaciones instantáneas en procesos incurables para nuestra medicina científica. No hay curaciones milagrosas en medicina; todas se operan siguiendo mecanismos y leyes naturales.

La investigación médica en el campo de la química produce continuamente compuestos con notables propiedades fisiológicas capaces de modificar no sólo el funcionamiento normal de órganos y sistemas, sino también cambiar la evolución de ciertos procesos patológicos. Pero esta producción cada vez más acelerada de productos químicos implica una enorme responsabilidad no solo para los laboratorios que los ponen en el comercio, sino también para los médicos que los prescriben.

Para quien esté fuera del problema .estos interrogantes parecerían tener respuesta directa y sencilla. Para quienes estamos en él desde hace más de cuarenta años, los interrogantes se suceden unos a otros y las respuestas no son automáticas ni directas.
La medicina científica ha incorporado todos los adelantos de la técnica moderna en el campo de la investigación, del diagnóstico y de la terapéutica, y sería absurdo negarle notables adelantos en la profilaxis, la rehabilitación, la cirugía, el diagnóstico de alteraciones orgánicas y funcionales, etc. Pero es también evidente que los resultados terapéuticos no marchan a la par de aquellos adelantos; más aún, están a la zaga y muy lejos del objeto mismo de la medicina: la curación.