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    El Tao explicado

    Lo que está tranquilo es fácil de manejar.
    Lo que no ha ocurrido, es fácil de precisar.
    Lo que está tierno es fácil de partir.
    Lo que es pequeño, es fácil de dispersar.
    Hay que efectuar aquello que todavía no está hecho.
    Hay que ordenar aquello que todavía no está desordenado.
    Un árbol corpulento nace de una pequeña raíz.
    Una torre de nueve pisos, se inicia en un pequeño montón de arena.
    Un viaje de mil millas empieza con un paso.
    Quien obra estropea.
    Quien sujeta pierde.
    Así el sabio: Por no obrar no estropea.
    Por no sujetar no pierde.
    La gente hace sus cosas, y cuando casi han acabado, las estropean.
    Si se loma en cuenta el fin, tanto como el principio, no habrá nada estropeado.
    Así el sabio: No tiene deseo alguno y no aprecia los bienes difíciles de alcanzar.

    La filosofía taoísta se caracteriza por ser práctica. Tan práctica que algunos de sus enunciados pueden parecer simplistas. Pero como le sucede a cualquier ser humano que mantiene un estrecho contacto con la naturaleza, existe un sentido común que nos dicta las lecciones del Sabio Interior que todos tenemos… Claro, si sabemos escucharlo.
    Que “un viaje de mil millas empieza con un paso”, es algo que no siempre tenemos presente: entre otras cosas, es un buen antídoto contra la ansiedad saber que paso a paso inemediablemente llegaremos a la meta. Tener presente el fin como el principio, se refiere a evitar que decaiga el entusiasmo inicial que nos mueve a emprender cualquier acción. Por su parte, cuando se dice “Quien obra estropea. Quien sujeta pierde”, se alude a la insistencia de aferramos a nuestras acciones y relaciones personales, a tal punto de desgastarlas. Y disminuir la ambición, para no perseguir objetivos que impliquen un esfuerzo excesivo. Sin duda, una verdadera enseñanza.

    El Taoísmo sabiduría China

    Es difícil imaginar cuántas variantes podría tener una traducción de una frase china que contuviera esos caracteres. No es fácil entender qué es el Tao, pero sí se puede empezar por saber qué no es. No es “Dios” , en el sentido de rey de la creación y hacedor del Universo. Quizás sea más apropiado relacionar el Tao no con el ser que crea las cosas, sino con la energía que las cosas son. Con el fluir de las cosas, con el movimiento incesante y agitado de toda la creación, con la esencia común a todo lo que existe. El Tao podría empezar a definirse pensando en él como en el Fundamento de la energía del universo, el fundamento de lo que es y de lo que no es.

    En cierta forma, la enseñanza con que Lao Tsé abre su libro es: no hables de lo que no se puede hablar, no intentes explicar lo que no se explica, no creas que sólo existe lo que se puede nombrar y que no existe lo que no se puede nombrar. Una frase corta como la que abre el Tao Te King puede hacernos dar un vuelco enorme en nuestra concepción del mundo. Lo que parece decirnos fundamentalmente Lao Tsé en esta frase es que Tao, la esencia de todas las cosas, no puede nombrarse y sin embargo no hay nada más real que él. Para nosotros, los occidentales, hay toda una revolución en esta idea. Fuimos educados en un sistema en el cual el juego de la filosofía y de la ciencia occidentales consiste en capturar el Universo en las redes de las palabras y los números. Palabras y números son los elementos con que contamos para describir todo, incluso las manifestaciones que superan nuestro entendimiento. Aunque no lo advirtamos, esto nos ha dado una’ forma de mirar el universo que es bastante indirecta: necesitamos una palabra para entender lo que miramos.

    Cuando miramos una flor, lo que vemos es la palabra “flor” y el concepto que esa palabra despierta en nuestra mente, no la cosa “flor” que está ante nuestros ojos. ¿Cuál es la diferencia, podríamos preguntarnos, si de todas formas estamos viendo y comprendiendo la misma cosa? Probablemente en este caso no haya gran diferencia, porque chinos u occidentales, taoístas o judeo cristianos, todos compartimos la experiencia de conocer una flor. El problema no lo tendremos en relación a las cosas habituales de nuestro mundo cotidiano. El problema lo tendremos cuando nos enfrentemos a algo que está más allá del mundo cotidiano, algo que nos es desconocido, y en ese momento necesitemos acudir a alguna palabra para poder entenderlo. ¿Cómo haremos para vivir la experiencia si no tenemos una palabra para describirla? Incluso para experiencias que tienen que ver con la trascendencia y la sabiduría que muchas personas pasan su vida buscando, se necesitan palabras: se habla de buscar la “Iluminación”, aunque no sepamos qué es eso, aunque los mismos grandes maestros digan que es imposible de describir en palabras esa experiencia.

    Pero al menos contamos con esa palabra, que nos permite intuir algo sobre la experiencia de la Iluminación. Pero en este caso, cuando un maestro nos lleve hacia la Iluminación, ¿cómo sabremos que esa experiencia es exactamente la que corresponde a la palabra que usamos para describirla? ¿No nos confundirá la palabra e impedirá llegar al fondo de esa experiencia trascendente? Por eso es tan conmocionante para un occidental la idea de algo, el Tao, que si puede ser nombrado ya no es más el Tao. Es tan conmocinante porque nos hace intuir que tenemos que un largo camino de limpieza de nuestra mente, hasta lograr que esa mente repleta de palabras y conceptos deje de necesitarlos como una muleta para moverse por el mundo de la experiencia. Quizás la tarea de purificación más difícil que pueda emprender un occidental sea ésa: la de llegar a un punto en el cual uno pueda mirar sin además pensar en lo que mira. Un punto en el cual uno se haya desprendido de tal extremo de la confusión de las palabras y los conceptos que inundan la mente, que pueda simplemente aceptar las experiencias sin necesidad de explicarlas con palabras.

    Dejarse fluir

    “Quien intenta dar forma a! mundo; modelarlo a su capricho, difícilmente lo logrará. El mundo es un vaso espiritual que no se puede manipular. Quien lo retiene, lo pierde”, dice Lao Tsé. El Tao, tiene que ver con el fluir del Universo. Si cada uno de nosotros es una parte ínfima pero imprescindible de ese fluir, deberíamos aplicar el Tao a cada momento de nuestra existencia. Lao Tsé nos dice que no podemos hacer nada para manipular el mundo. Pero eso no significa que estamos indefensos ante lo que suceda. Si el Universo es una inmensa energía que fluye permanentemente y todo está en interrelación con todo, entonces sin necesidad de querer forzar los acontecimientos nos iremos encaminando hacia donde la energía que fluye nos tenga que llevar. Esto quiere decir que no debemos pretender hacer nada según el dictado de nuestros deseos egoístas, porque por ese camino sólo conseguiremos ir a parar a la frustración, al sufrimiento y al extravío.

    No es que no haya que intentar “dar forma al mundo”, sino que hay que entender que dejándonos fluir con el mundo estamos, en nuestra medida pequeña pero imprescindible, ayudando al fluir del mundo, en cierta manera “dándole forma”. Nuestra intervención en el fluir del universo (así como la intervención de los átomos, las abejas, el viento y todo lo que existe), es fundamental y modela el devenir del mundo. Este concepto taoísta de dejarse fluir no es un concepto de no acción, sino de accionar en armonía con el resto de la creación. Por más que corramos la muerte física nos alcanzará en algún momento: así sucede con todo lo que hagamos en contra del fluir natural y de las leyes del Universo.

    La visión del Tao

    El libro comienza con una sentencia: “El Tao que puede ser expresado (o nombrado) no es el Tao”.
    Mucho se ha escrito y discutido sobre el significado o la pluralidad de significados que pueden darse a esta misteriosa palabra total, el Tao. Y Lao Tsé comienza diciendo que, si puedes hablar sobre el Tao, no estás hablando del Tao.

    El Tao, entonces, sería algo más allá de la palabra, lo que el lenguaje no puede describir. Esta idea resuena en nuestras mentes con ecos que la relacionan con otros principios esenciales del Universo a los que las diferentes religiones y filosofías han descrito de mil maneras distintas.
    En principio, puede decirse que el Tao no es realmente semejante a cualquier idea judeo-cristinana o hindú acerca de Dios como Principio de Todas las Cosas, porque en estas religiones Dios es siempre asociado con “el Señor”, es decir, con una representación de alguna forma semejante a lo humano de la divinidad. Incluso en la India, se llama “Señor Supremo” a Brahma, aunque el mismo término se reserva también a Ishvara, que es la manifestación en forma personal de Dios. Y la canción de Krshna es el Bhagavad Gita (“Canto del Señor”), y siempre está asociada a la idea de rey o gobernante.

    El Tao no tiene nada que ver con estas representaciones de la divinidad casi personalizadas. El Tao, sea lo que fuere, no es algo distinto de nosotros mismos, del agua, de los árboles, del aire que nos rodea. El Tao es el suceder de todas esas cosas. La idea china del universo considera a todas las cosas que existen como actuando interrelacionadas entre sí en todo momento y simultáneamente, sin que el más mínimo elemento pueda existir sin todos los demás, y en el cual no hay un Centro, no existe un punto central alrededor del que se mueva todo. Aunque la idea resulte un tanto extraña, sería como decir que no existen por un lado “abejas” y por otro “polen”. Las abejas y el polen son la misma cosa. Aunque parezcan tan diferentes entre sí, son lo mismo: simplemente diferentes rostros de un mismo sistema. Y así sucede con cada cosa que exista en cualquier estado en este Universo.

    Claro que esta primera aproximación no resuelve exactamente qué significa la palabra Tao, y a qué se refiere Lao Tsé al utilizarla.
    El lenguaje chino, como se sabe, consiste en ideogramas, es decir, un lenguaje gráfico en el cual la interpretación juega un papel muy importante: es la primera barrera a vencer para tratar de entender el significado del Tao. Volvamos ahora a la primera frase del Tao Te King: “El Tao que puede ser expresado no es el Tao”. La palabra Tao tiene, traducida literalmente, diversos sentidos. Significa “vía” y también significa “hablar” o “expresar”, y también “curso de la naturaleza” o simplemente “curso de todas las cosas”. Y el ideograma que aparece en segundo lugar en la frase significa “puede ser” o “puede”, y también se refiere a algo “capaz de”.

    El pensamiento cumbre de Lao Tsé

    Confucio fue una persona de existencia concreta y documentada, que vivió hacia el 550-480 antes de Cristo. En cambio, Lao Tsé es más una serie de leyendas que una persona concreta. Se dice que fue contemporáneo y hasta maestro de Confucio como que vivió siglos antes, e incluso que nunca existió. En diversas fuentes literarias antiguas se leen noticias acerca de este hombre venerado como un santo por generaciones. Resumiendo esta visión mítica que se tiene de Lao Tsé, podríamos relatar que fue engendrado por una madre virgen que lo llevó durante ochenta y dos años en su vientre. Un día, estando la octogenario embarazada descansando a la sombra de un ciruelo, una partícula de astro solar tomó forma de perla y, abriéndole un orificio por el costado izquierdo cerca de la axila, permitió que naciera el pequeño sabio, quien apenas nacido ya tenía el rostro lleno de arrugas, los pocos cabellos canosos y una enorme sabiduría.

    En la pequeña aldea del reino de Chow de donde era su madre, los supersticiosos habitantes se asustaron y quisieron enterrarlo vivo; más tarde intentaron deshacerse de él entregándolo a un viejo asceta para que se lo llevara a la montaña. Lao Tsé trabajó como guarda archivos del reino de Chow, pero, después de mucho tiempo y al ver la decadencia de la dinastía, abandonó la fortaleza y se alejó del reino. Tras caminar varios días, se detuvo en un puesto fronterizo y allí mantuvo con Yin Hsi, el guardián del puesto, la última conversación. Allí redactó un manuscrito de 5000 caracteres y dejó la obra en manos de Yin Hsu. Luego partió y murió.
    Este manuscrito de 5000 caracteres dividido en 81 pequeñas secciones sería nada menos que la obra máxima de la filosofía china no confuciana: el Tao Te King.

    El Tao para superar la culpa

    El Tao nos enseña que cuando hacemos el bien, también hacemos el mal; que cuando hacemos lo correcto, también hacemos lo incorrecto. Sería conveniente que dejáramos de juzgar todo permanentemente, o como propone el Tao “dejar que el corazón cansado descanse”.

    “¿Quieres mejorar el mundo? No creo que pueda hacerse. Si interfieres con él, lo arruinarás. Si lo tratas como un objeto, lo perderás.

    El maestro ve las cosas como son, sin tratar de consolarlas. Les deja seguir su camino y reside en el centro del círculo.”

    En la mente de la perfección común, la alabanza y la culpa, el éxito y el fracaso, el orgullo y la autocrítica se ven como impostores, opiniones inoportunas sobre nuestra experiencia. Un inmenso alivio surge cuando por fin nos animamos a dar un paso más allá de la alabanza y de la culpa. Se libera el corazón y muchas cosas se vuelven positivas. En la India, donde hay una gran escasez de médicos, algunas veces las aldeas aportan dinero para enviar a sus jóvenes a estudiar la carrera de medicina, para que regresen y se ocupen de la salud de la comunidad. En un pueblo muy pobre hay un letrero en el consultorio del Dr. V. S. Krishna que dice: “Doctor V. S. Krishna, Doctor fallido, Facultad de Medicina de Calcuta”, lo que significa que ese doctor había estudiado en esa facultad pero que no había aprobado los exámenes. De todas formas, había regresado a su pueblo natal y había abierto un consultorio, pero diciendo la verdad sobre su título y ofreciendo el conocimiento médico que había logrado. ¿Resultado? tenía muchísimos pacientes.

    La filosofía taoísta y el tercer ojo

    El Tercer Ojo es representativo del conocimiento eterno y, la filosofía del Yoga lo identifica como el Chakra Ajña. En cambio, los taoístas lo llaman Ying Tang, Tsu Chiao o Cavidad Original del Espíritu. La filosofía taoísta otorga a la zona del Tercer Ojo la denominación de “Palacio de Cristal”. Y este término no es una casualidad, ya que la parte central del cerebro es considerada el eje regulador de todos los procesos corporales, voluntarios e involuntarios.

    El método de Wu Hsien

    Wu Hsien: suele decirse que, cuando se desea realizar un buen trabajo, primero hay que afilar las herramientas. Cada mañana, en cualquier momento después de la hora del tsu (mediodía) y una hora antes del wu (tarde), es decir, cuando disminuye la potencia del Yin y domina la del Yang, deberá sentarse en una estancia tranquila orientada hacia el Este. El hombre concentrará su espíritu y se librará de preocupaciones, teniendo en cuenta que el estómago no tendrá que estar demasiado lleno ni vacío por completo. Por más información visite Reiki.

    Metodo taoista

    Metodo taoista: Puede ocurrir que, mientras una pareja hace el amor, el martillo de Jade (pene) del hombre sea lo suficientemente grande para llenar por completo la vulva de su compañera. En este caso, el hombre podrá complacerla sin realizar grandes esfuerzos. Sin embargo, para aquellos que no tienen la misma ventaja, el Tao ofrece un medio para alargar el tamaño de un falo corto.

    Medicina Alternativa Natural

    Coloque su otra mano unos dos centímetros más abajo de la anterior, también en el lado más cercano a usted. Descanse lentamente el peso corporal en ambas manos, visualizando que presiona atravesando al receptor y alcanzando el suelo. No hay problema en que sus dedos reposen sobre la columna siempre y cuando no aplique presión con ellos.

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