
Coloque las manos a cada lado de las caderas del receptor, sobre los ilíones (huesos de la cadera) y dirija los pulgares hacia la línea media, de manera que éstos entren en contacto con el lugar donde los ilíones empiezan a curvarse hacia fuera a partir de la columna vertebral, un poco por debajo de la cintura.

Arrodíllese al lado del receptor, de cara a él. Los brazos del receptor deben estar estirados a los costados. Si al receptor se le tensa el cuello cambíele la posición de descanso de la cabeza de tanto en tanto. Con suavidad, coloque una mano en la zona superior de la columna vertebral, en el lado más cercano a usted.

Esta rutina, muy adecuada para la región lumbar, resulta ligeramente limitada por la cantidad de presión que se puede aplicar con los propios pulgares y a causa de la distancia que se puede abarcar en la propia espalda. La rutina funciona mejor si se adopta una posición de rodillas sobre una superficie cómoda; si no, trate de sentarse en una confortable silla sin respaldo, como puede ser un taburete bajo o bien a horcajadas en una silla normal mirando el respaldo.

Ponga una palma sobre el ombligo y la otra mano sobre la anterior. Relaje ambas manos; déjelas hasta que las sienta pesadas y deshaciéndose ni el cuerpo. Presione con mucha suavidad y empiece a mover las manos unidas realizando pequeños círculos alrededor del ombligo en el sentido de las agujas del reloj.

Presione en la base del vientre realizando un semicírculo en dirección ascendente hacia la parte superior de la cadera derecha. Presione limpiamente mientras se desplaza. Cruce de nuevo al lado izquierdo y presione mediante otro semicírculo, ligeramente más pequeño que el anterior.

Sitúe una mano sobre el hombro contrario con las yemas de los dedos sobre la parte superior de la espalda, junto a la vértebra cervical más prominente en la base del cuello. Presione en línea descendente junto a la columna vertebral mientras pueda hacerlo cómodamente para después regresar a la zona superior y desplazar los dedos unos dos centímetros hacia fuera, alejándolos de la columna vertebral, y repita la operación.

Lo primero que puede venirnos a la mente es que se trata de sabios, gente que ha dedicado una vida a la investigación, a la reflexión, a la contemplación y a la experimentación. Sí, probablemente se trate de sabios. Nos podemos preguntar, entonces, si hoy en día existen sabios. Sí, existen, no han desaparecido. Hay miles de personas que se dedican a la investigación, a la reflexión, a la contemplación y a la experimentación y que son, a su manera, sabios. Podemos encontrarlos en las universidades. Podemos encontrarlos, también, mirando el mar.